
Basta de evitar las fotos
Una sola foto espontánea puede golpear más de la cuenta. Una foto de grupo en la que tu mirada va directo a ti y a ningún otro sitio. Un reflejo captado desde un ángulo que no elegiste. Una foto de vacaciones que debería haber guardado un recuerdo y en cambio solo te dejó un golpe. Lo peor no siempre es haberte visto terrible. A veces es haberte visto exactamente como temías. La foto confirma lo que llevas gestionando en el espejo y escondiendo bajo la ropa.
Así que cambias cómo te comportas. Te ofreces a hacer la foto para quedarte fuera. Te deslizas al fondo del grupo. Dejas de abrir los álbumes. Te dices que no te importa.
Pero sí te importa, porque una foto hace tu cuerpo público y permanente de un modo que una mirada al espejo nunca logra. Esto no es superficial. Las fotos están ligadas a la memoria y a quién eres. Querer ver una sin sentirte golpeado basta. Querer dejar de esconderte de la cámara basta. Mantener el déficit es cómo la cámara deja de ser algo ante lo que te preparas.
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