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Reducir todas las decisiones de comida a una regla simple, por ejemplo no comer durante el ayuno.
Menos negociación mental cada hora: una regla clara sustituye microelecciones. Eso da estructura y con la práctica se vuelve automático.
Alimentos predecibles y fáciles de dosificar sin perder el control.
Ordenar el entorno para reducir tentaciones y simplificar decisiones.
Subida de peso por la masa física de comida y líquido en el tubo digestivo.
Quitar obstáculos que hacen más difícil cumplir el plan.
Disponibilidad y visibilidad de alimentos que influyen en cómo comes.
Usar comidas repetitivas para reducir la fatiga por decisiones y el picoteo impulsivo.
Hambre por horario o rutina más que por necesidad energética real.
Puesta en marcha de la digestión tras un periodo de ayuno.