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Ocurre cuando consumes menos calorías de las que el cuerpo necesita para mantener el peso actual; base habitual de la pérdida de grasa.
Sin un déficit sostenido no hay uso sistemático de grasa almacenada. El tamaño del déficit marca el ritmo, pero importa más poder mantenerlo semanas seguidas que forzar recortes imposibles de aguantar.
Pasar al mantenimiento poco a poco, priorizando estabilidad frente a cambios bruscos.
Red de preferencias y hábitos alimentarios que moldea tus elecciones, guiada por lo familiar y la rutina.
Tendencia a recuperar peso tras una etapa de pérdida, al volver hábitos viejos.
Ralentización del tránsito digestivo, a menudo por poca fibra, con malestar y señales que se confunden con el metabolismo.
Etapa en la que el foco pasa de perder peso a sostener peso y hábitos saludables, con ajuste psicológico.
Progreso irregular: mesetas y bajadas bruscas según agua y adaptación.
Sistemas que identifican alimentos en imágenes para estimar nutrientes; en la práctica la precisión sigue siendo limitada.
Punto en la pérdida de peso donde ingesta y gasto se equilibran y cuesta seguir bajando sin cambiar esfuerzo.